La teoría del tonto mayor (para explicar los NFTs)

La teoría económica del “tonto mayor” postula que algunas veces se puede hacer dinero al comprar bienes sobrevalorados si estos pueden volver a ser vendidos, a un precio mayor. Esta se puede explicar con el frenesí existente en torno a los NFTs.

Para que una pirámide funcione es necesario que exista una red de “tontos” dispuestos a comprar “nada” a cambio de poder vender “ese nada” a otras personas. Este caso aplica aquí.

Los “NFTs” (token no fungible) son el ejemplo de una burbuja financiera que eventualmente estallará. La explicación sobre el por qué la gran mayoría son una mala inversión es muy fácil de descubrir al tomar un paso atrás y no dejarse guiar por la secreción de dopamina que acompaña el frenesí y la avaricia que este tema ha -intencionalmente- abogado.

El argumento principal que utilizan las personas que defienden la valuación millonaria de tantos “NFTs” es que una posición pseudo-vanguardista, donde con un discurso condescendiente aluden a los ejemplos históricos de obras de arte que en su momento no fueron comprendidas por muchas personas “conservadoras” o “retrógradas”, y que eventualmente se convirtieron en obras con un valor millonario.

Pero existen diferencias fundamentales entre el arte tradicional y los NFT’s.

Iniciemos comprendiendo de dónde surge la valuación comercial del arte que eventualmente termina siendo cotizado por cantidades estratosféricas. El arte, como cualquier otro objeto con un valor comercial, tiene diferentes factores que influyen en su precio pero al final todo se determina a razón de oferta y demanda.

Hay cuatro razones por las cuales alguien compraría una obra de arte.

Museo NFT de Seattle
  1. Por la experiencia estética. Nuestra vida se encuentra rodeada de experiencias estéticas, de las cuales muchas son gratuitas. Por ejemplo, los atardeceres.

    A pesar de ello, los humanos estamos dispuestos a pagar por experiencias estéticas adicionales pues el contacto directo con ellas no puede ser replicado de otra manera.

    Por ejemplo, decidimos comprar el boleto de una obra de teatro a pesar de conocer la historia, decidimos comprar un boleto de cine a pesar de que eventualmente podríamos ver la película en la tele, y decidimos comprar boletos para un concierto a pesar de que podemos escuchar la misma música en grabación.

    La razón por la que hacemos eso es porque no son experiencias sustituibles. Pero si fueran gratis igualmente las consumiríamos: estamos dispuestos a ir a conciertos gratuitos o exhibiciones de museo gratuitas, por ejemplo.
    Las compras de los NFTs como una inversión no entran dentro de esta categoría, ya que pueden ser simplemente copiados y reproducidos sin la necesidad de pagar por este acceso estético.

    Algunas personas dentro e la industria de los NFTs utilizan el argumento de que también eso sucede con las pinturas y de todos modos la gente sigue pagando por las originales. Esos casos no son análogos, pues corresponden a la segunda razón de la compra de arte, la cual mencionaré a continuación.

    Los casos que son análogos son aquellos en los que la gente compra por copias de las pinturas originales. En esos casos siguen siendo compras por la experiencia estética de tener la copia esta pintura en sus casas u oficinas y en ese caso se paga ya que el copiar una pintura también requiere de un gran talento artístico, atención al detalle y materiales físicos. Hay trabajos de por medio.

    Hay algunos trabajos de NFTs que son excelentes obras artísticas y podría entenderse por qué alguien pagaría por disfrutar de ellos. Algunos de los casos más sofisticados son obras que son mejor apreciadas con tecnología que permite a un individuo entrar al metatarso y apreciarlas en 3D y similar.

    Pero los casos donde la gente “paga por ver” (que son pocos) un NFT tampoco son análogos a las compras de un NFT como inversión, a menos y sólo a menos que estas obras sean únicamente accesibles bajo un pago. No es el caso del 99% de NFTs, que se pueden copiar y pegar sin la necesidad de pago, y no sería necesario pagar por ver.

    La única forma donde podría funcionar como inversión es comprar un NFT tan trascendente que mucha gente estaría dispuesta a pagar por verlo, pero ante tantas opciones estéticas (gratuitas y pagadas) contra las que competirían, es poco viable pensar en que se podría generar una industria de “pago por experimentar”, cuando competirían contra NFTs gratuitos.

    Tal como sucede con el caso de la música en CD’s…Y en ese caso todavía es más razonable pensar en comprar la música físicamente, pues generalmente ofrece una mejor calidad que la que se obtiene en el streaming. Aún así, el streaming ha desplazado al físico como la forma preponderante de consumir música.
  2. Por la preservación del arte. En este caso, individuos o instituciones están dispuestos a comprar una obra de arte por el deseo de preservar su trascendencia histórica, ya sea pues nos permite atesorar experiencias e historias pasadas o porque existen pocas obras de este tipo de arte o artista.

    Por ejemplo, aquí aplicaría la preservación de arte de culturas milenarias, o de artistas fallecidos que han dejado un legado histórico. Generalmente estas obras necesitan de cuidados especiales para ser conservadas, pues físicamente se encuentran vulnerables y con el tiempo pueden degradarse.

    En estos casos la compra no representa una inversión. Adicionalmente en los NFT’s no existe esta necesidad, salvo porque en el futuro la tecnología actual se vuelva obsoleta y sea necesario preservar por guardar por archivos digitalmente. Pero este es el estado de las cosas.
  3. Por usos prácticos. Tampoco es el caso para los NFTs. Sin ir a mayor detalle, el arte puede ser comprada por fines prácticos distintos a los de disfrutar el arte, por ejemplo: para esconder o destruir una obra o una narrativa, para usarla de inspiración para otras obras, para regalarla como muestra de afecto, para estudiarla, etc.
  4. La teoría del tonto mayor. Este es el caso que aplica a los NFTs. Como ya fue mencionado, en la teoría económica, el “tonto mayor” postula que algunas veces se puede hacer dinero al comprar bienes sobrevalorados si estos pueden volver a ser vendidos, a un precio mayor.

    Los NFTs corresponden a este fenómeno. Ya que los NFTs no funcionan como compra en alguno de los tres escenarios anteriores, el que queda es este. La gran mayoría de las personas que compran estos productos no lo hacen por el interés de preservar el arte o disfrutar por horas de los pixeles frente a ellos, sino que lo hacen como un “quick rich scheme” (“esquema para volverse rico pronto”), influenciados por una mentalidad de rebaño.


    Para que una inversión tenga sentido, el producto en el que se invirtió eventualmente debe tener un valor comercial superior al que costó adquirirlo. Por ejemplo, en el caso de ver los bienes raíces como inversión, estos se compran bajo la premisa de que eventualmente su valor se puede apreciar si es que la zona en la que están se aprecia a su vez, o si por su posición estratégica es probable que en el futuro alguien quiera comprar el bien por su posible uso.

    Con los NFTs esto no sucede, pues no existe valor de uso futuro para el producto. ¡Peor aún, no existe bien! pues al comprar un NFT, el individuo no está comprando la propiedad intelectual del bien, pues esta se mantiene en propiedad del autor. Es decir, que sólo se está comprando una noción de valor imaginario por algo imaginario. Es exactamente igual a vender una idea, con la diferencia de que la única utilidad de esta idea sea la de venderle a otra persona.


    Así funcionan otros esquemas de “volverse rico rápido” las pirámides, por ejemplo en los productos multilevel en los que el producto es absolutamente innecesario y donde el enfoque de las transacciones es el traer más personas a la pirámide para que así las personas que estaban antes sigan teniendo ingreso, hasta que la burbuja explote.

    Para que una pirámide funcione es necesario que exista una red de “tontos” dispuestos a comprar “nada” a cambio de poder vender “ese nada” a otras personas.

    En el caso de los multinivel, la red principal de clientes que se tiene es el de personas de bajos recursos, desesperadas por obtener un ingreso para subsistir. En muchas ocasiones han sido inmigrantes que por cuestiones legales y socioéconómicas no pueden encontrar otra ocupación productiva. Ahí se han aprovechado de esas mismas redes para tejer las pirámides.

    En este caso, los NFTs son un esquema piramidal para ricos. En lugar de enfocarse en inmigrantes con poco dinero, los impulsores de los NFTs se han enfocado en otra red cerrada de “tontos” con mucho dinero: las celebridades.

    En 2018, el Fondo Monetario Internacional citó al experto en burbujas, John Kenneth Galbraith, quien remarcó que la gente usualmente asume que “cuanto más dinero, mayor el logro y la inteligencia que lo respalda”. Pero no hay evidencia que respalde que las celebridades sean personas más inteligentes.

    Si acaso, una razón por la cual tienen tantos seguidores es porque son tan parecidos a la persona común, pero son famosos. Gracias a la cantidad de errores que cometen, los tabloides tienen muchas noticias por reportar sobre ellos.



    Muchas celebridades sufren de vacíos existenciales que los hace necesitar la atención de otras personas. Debido a ello, son un blanco perfecto para las compras de vanidad, como autos, ropa y casas caros y de mal gusto. Y muy caros. Mientras más caros, mejor.

    Inclusive una celebridad con gran inteligencia, el rapero Eminem, cayó al comprar uno de estos productos con el fin único de la vanidad. Hace unas semanas compró un NFT de un mono con características similares al personaje que él utiliza en escena. Y ahora lo utiliza como su “foto” en Twitter, donde tiene más de 20 millones de seguidores.

    Las celebridades son un excelente agente del mensaje, pues tienen seguidores y como se mencionó anteriormente, las personas asumen que al ser famosos, son exitosos e inteligentes: “si hasta ellos lo hacen, ¿por qué nosotros no? Pero la gente olvida que muchas celebridades, inclusive las más exitosas e y geniales, terminan en la ruina o endeudados. Michael Jackson, quien vendió el disco más exitoso en la historia, para dar un ejemplo.

    Productos nocionales



    Volvamos al “no producto” que se vende. Para que tenga valor de mercado, alguien más lo debe comprar. En el caso de las piezas (reales) de arte, a veces estas pueden ser una buena inversión asumiendo que su precio va a aumentar en el futuro, pues alguien querrá tenerlas.

    Esos casos no son análogos, pues si bien un artista tiene una calidad de vida limitada para pintar un cuadro difícil de copiar, los NFTs se pueden copiar y pegar con sencillez. Nadie necesita comprarlos para tenerlos en su casa.

    En el ciclo normal de las obras de arte que se aprecian mucho, las personas o instituciones que las compran, lo hacen debido a que la oferta es menor que la demanda.

    Es decir: muchas personas estarían dispuestas a comprar un cuadro de Pollock pero la cantidad de cuadros Pollock es limitado. Esto hace que sean más caros. En caso de no poder comprar el original y de todos modos se quiera tener en casa, sería necesario consignar una copia, la cual también sería costosa. Y real. Los NFTs se copian y pegan gratuitamente. Y tampoco son productos reales.

    En esos casos, existe un ciclo de venta. Aquel inversionista que especula que la obra de arte será valiosa en el futuro, la compra esperando que en nel futuro alguna otra persona la compre, ya sea por placer estético (que ya clarificamos que no aplica en esta caso) o por vanidad. En este caso, la compra es exclusivamente por vanidad.

    Las compras por vanidad no son compras inteligentes. Las compras por vanidad son una compra donde se compra a sobreprecio un producto y sólo se pueden vender a una persona más vanidosa. Es decir, a un tonto mayor. En este caso, ya que los NFTs están disponibles en internet, la única razón por la cual alguien. Compraría un NFT es para presumir la vanidad de tenerlo. En ese caso, el mercado es extremadamente pequeño.

    Para las celebridades puede ser útil esta inversión, pues quizás en el futuro alguien les compre el NFT “porque lo tuvo antes una celebridad”, lo cual, supongo, hace a otras personas que ponen a las celebridades en un pedestal pensar que están en la misma categoría, pero para el 99% es una inversión inútil.

    Una buena toma de decisiones en el caso demás inversiones debe entender cuál es el el mecanismo por el cual uno puede visualizar que en el futuro el bien (real o imaginario en este caso) podría tener un valor comercial. Ya hablamos del caso de los bienes raíces.

    Aquí, las miles de personas que están comprando estos pixeles: ¿quién esperan que les compren estos productos nocionales (productos que sólo existen en la imaginación)? Si en primer lugar la gente los está comprando con el objetivo de hacerse ricos pronto, la motivación detrás ni siquiera es la de la vanidad, sino el encontrar a otras personas vanidosas (tontos mayores) que sigan comprando estos bienes nocionales, hasta que eventualmente un tonto mayor acabe con este producto nocional y no pueda intercambiarlo. Y en ese caso ahí se acabó la cadena: con el tonto mayor.

    Tontos por vanidad vs tontos por inversión

    Seguramente en el futuro habrá algunos NFTs que se sigan vendiendo por mucho dinero. Queda claro que hay muchos tontos. Pero hay tontos de dos tipos: los tontos que los compran pensando que es una buena inversión, para convertirse en intermediarios de los otros tontos, que son los que efectúan compras por vanidad.

    Los que hacen compras por vanidad pueden tener mucho dinero y darse el lujo de tirarlos en bienes inútiles o peor aún, en bienes nocionales. Ya al día de hoy hay suficiente oferta de productos para tontos (como algunos ya mencionados anteriormente), y cuando “pasen de moda” los NFTs dejarán de ser un producto predilecto entre los tontos por vanidad, y se irán al siguiente fad, hasta que se les olvide y vayan por otro y así sucesivamente.

    Mientras tanto, los tontos por inversión lamentarán haber gastado en un no producto que eventualmente nadie comprará. Alguien tiene que ser el último en la cadena de los tontos, y en este caso, ante la oferta ilimitada de NFTs y la demanda tan baja (por la simple naturaleza del costo de ellos) dejará a miles con pérdidas millonarias.


    Lecciones


    1) Los NFTs son un multinivel para ricos. Copiar el ejemplo de las personas famosas es un mal criterio de toma de decisiones.

    2) Nos debemos mantener escépticos de cualquier esquema al que entremos por la emoción exacerbada y la ilusión de volvernos ricos fácilmente. Generalmente no tienen un sustento real. Como aquí.

    3) No porque el vecino se haya hecho rico con este esquema implica que la burbuja no quebrará en el futuro (véase la “burbuja dotcom” de los 90s, o la burbuja de bienes raíces del 2008). Los celos son un mal criterio de toma de decisiones.

    4) La vanidad es un mal criterio de toma de decisiones financiero.

    5) Las decisiones tomadas con la cabeza caliente pueden acabar siendo muy costosas.

    6) El “miedo de quedarse fuera” es desesperación. Es una mala regla de toma de decisiones.

    7) Debemos ser conscientes de nuestra atención selectiva. El 99% de personas no se harán ricas con los NFTs. Nuestra naturaleza nos hace aspirar a que seremos como ellos, pero la realidad es generalmente distinta. Aplica también al arte, deporte y los negocios.



    Nota final

Otro argumento que utilizan las personas que abogan por el valor de las criptomonedas o los NFTs es que el dinero también tiene un valor hipotético, pues el papel y las monedas como tal no sirven.

No es incorrecta esa apreciación pero hay un gran detalle importante: que el papel moneda se llama dinero “fiat”. “Fíat” es una palabra del latín que significa “hágase”.

El caso no es análogo, pues en el caso del dinero papel se da un “fíat” universal, aceptado por todos los  gobiernos del mundo, para aceptarlo como método de intercambio. 

Con las criptomonedas y los NFTs no es el caso, pues los únicos que dan el fíat son las personas dentro de la pirámide, y en ese sentido, los primeros (y que por lo tanto están hasta arriba de la pirámide) son los más beneficiados pues mientras más gente entra a la pirámide (con respectivos costos de transacción) más se da valor a estos productos nocionales.

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